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Disney

Junio 2006

– ¡Prefiero caminar en los Alpes Suizos! comentó mi marido, mirando indignado alrededor del Reino Mágico, el primer parque al que llegamos.
Respirando profundamente cerré mis ojos y me dije ¿¿Cómo carajos se pueden comparar coles con nabos??
Disney y sus personajes siempre estuvieron presentes en mi vida. Encarné a Blancanieves, la cenicienta, la bella durmiente en interminables horas de juego. Este viaje era para mí un sueño de infancia hecho realidad ¡!¿¿Alpes Suizos??!!
El Reino Mágico, nos recibió con todo su esplendor ¡Volví a ser niña! Mi corazón latía a mil por hora ¡Es más, al ver la coronación de la cenicienta hasta unas lágrimas descontroladas cayeron! Al mismo tiempo, la indignación de mi esposo crecía. ¿Cómo le podía gustar a alguien estas cosas?
Si había algo que se podía comparar con suiza era la perfección de todos los detalles ¡Los desfiles eran colosales! Mis hijos (8,6,3) y yo caminábamos hipnotizados. Las fotos con Pluto, el ratón Mikey, Mini, Antz, Ariel, la Cenicienta, Blancanieves, la Bella Durmiente, Bella…no podían faltar. La comida chatarra tampoco. Mis hijos y yo sentíamos como si estuviéramos visitando la octava maravilla del mundo.

¿Y es que qué le podía yo decir a mi esposo? Para mí, sus comentarios estaban fuera de lugar. Me molestaban. Me estaba arruinando mi día. Claro que no se discute que visitar los Alpes es maravilloso, pero Disney es Disney! Es diversión a la americana: ambientaciones impresionantes, variedades de juegos, aventura acompañada por la invitación a realizar un sueño escondido, juegos futuristas, espectáculos tridimensionales, en fin, otro tipo de diversión, la que tiene que ver con ventas, consumo y marketing. Algo en contra? Todo. Era justamente eso lo que no le gustaba a mi marido. Para él, la propaganda ya nos había lavado el cerebro…
A lo largo de la semana los humores se fueron calmando y pudimos disfrutar de lo nuevo más tranquilamente. Los niños querían subirse a todos los juegos y eso nos mantenía bastante ocupados. El cansancio, la comida chatarra y las interminables colas para una satisfacción de 5 minutos me hicieron pensar en las palabras de mi esposo…
El último día nos fuimos a visitar a una prima, a quien no había visto en más de quince años. El reencuentro fue muy lindo, parecía que el tiempo se había congelado. Fue como haber estado en un pequeño Disney, donde nuestras historias eran las montañas rusas que nos llevaba por rutas del pasado, haciéndonos soñar y recordar anécdotas fantásticas que nos llenaron de alegría. Con esta visita cerramos nuestro paseo con brocha de oro.
Un día, espero que sean mis hijos, los que inspirados por el ejemplo descubran su tipo de diversión, de consumo y la importancia de mantener relaciones familiares y de amistad.

María Fernanda Salvador

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